Ningún rostro para ella pasa
desapercibido, pues en cada uno ve la posibilidad de transformarlo en un
personaje de un cuento o telenovela, o de revivir artísticamente a una
personalidad de la historia.
La atracción de Ana Rosa Coronado
Vázquez, Premio Bayamo 2016, por las caras y formas nacen de su amor y
dedicación al maquillaje, profesión que le ha proporcionado disímiles lauros y
alegrías, aunque en otras facetas de la vida también su talento ha rendido
frutos.
“Yo comienzo a hacer peluquería a
los 16 años porque era de procedencia humilde y quería ayudar a mi familia, e
inicio con muchachitas de quince. Luego me integro al Colectivo Teatral Granma,
del cual soy fundadora, y empiezo a recibir cursos en La Habana hasta llegar al
Ballet Nacional y convertirme en alumna de Toni Caña, el maquillista de Alicia
Alonso.
“Desde entonces me preparo en
todas las modalidades, pero me especializo en la caracterización. Gracias a los
conocimientos recibidos me he desempeñado en el mundo del teatro, la danza, la
televisión y el cine. También le he dado vida a personajes históricos”.
En televisión se estrena con
Pocholo y su pandilla, un programa infantil de los años 90. La inclusión en el
colectivo la mantuvo mucho tiempo realizando maquillaje de fantasía, pero
cuando llega la filmación de la telenovela Tierra Brava una nueva puerta se
abre.
“La maquillista principal me
conocía y me llamó a hacer las escenas en los exteriores, por eso las peleas de
Tierra Brava las hice yo, lo cual me permitió realizar un arduo trabajo de caracterización
con los actores.
“Dentro de mi quehacer estaba
maquillar a Silvestre Cañizo después de la golpiza y me esmeré tanto, que por
esa labor obtengo el premio Caracol. Yo sé que lo más recordado es como quedó,
pero lo más importante para mí fue el proceso de su recuperación”.
Esta producción, con gran rating
de teleaudiencia, le permitió ganarse un puesto como maquillista en Las
Impuras, pero su amor ciego por Bayamo acortó su estancia en la capital.
“En el teatro disfruté mucho la
labor realizada en una obra sobre Matías Pérez. También he maquillado a los
actores que en el territorio han interpretado a Perucho, Céspedes, Gómez, Maceo
y Martí. Dentro de ellos sobresale René Reyes Blázquez -director de la Guerrilla de Teatreros-
quien ha encarnado al Generalísimo.
“Entre los seriales destaca uno
del Che, detrás del cual hay una linda historia, porque nadie me conocía en la Televisión Serrana.
Cuando voy al casting a ver quien iba a interpretar el personaje, los miembros
de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) me ven y me preguntan si yo estoy en el
equipo de maquillaje, pero respondo negativamente.
“Entonces me presentan al director
quien me invita al casting, pero casi nadie se presenta, mas de pronto veo
entrar a Carlitos Rodríguez, uno del equipo, y rápidamente dije: “A él lo puedo
maquillar como el Che”. El director lo vio como un atrevimiento pero lo
permitió.
“Cuando termino de maquillarlo
exijo una camisa verde, una boina y un tabaco, y al verlo todos se convencieron
que era el Che, eso me allanó el camino para la película Café Amargo”.
Sus conocimientos de maquillaje
los ha dado a varios alumnos, pero desafortunadamente muy pocos se dedican a
esta labor. A ellos les ha enseñado que detrás de cada caracterización hay un
estudio previo: “Les aconsejo a los nuevos maquillistas estudiar mucho, porque
eso no es pintar y hay que saber porque se hace cada rasgo en una cara. Yo
tengo 71 años y no paro de instruirme”.
La creatividad de Coronado Vázquez, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba,
ha trascendido a la artesanía y varias han sido las exposiciones realizadas
sobre muñequería y confecciones textiles, desde su integración a la Asociación Cubana
de Artesanos Artistas.
Esta bayamesa ha incursionado como
promotora cultural, condición por la cual mereció el Título de Hija Ilustre de
Bayamo. Entre sus proyectos comunitarios está Domingo entre Amigos, integrado
por adultos y creado para fomentar la amistad, iniciativa que dio paso a otra
con niños nombrada Amiguitos de Martí, pero ya no se realiza porque la salud no
la acompaña para andar por varios lugares con los pequeños.
Ana Rosa se reafirma como una
bayamesa nata, quien ha entregado su corazón y alma a Bayamo, su ciudad, de
cuya raíz no logra desprenderse.