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viernes, 20 de abril de 2018

El misterioso caso de la vaca Tolón



Amaos los unos a los otros, como la vaca ama a su ternero. 
                         (Anónimo)

                             
-¡Vaca lechera, la mía!- repetía orgulloso un guajiro cincuentón llamado Hipólito Fernández, (Polo), quien se estableció en un pequeño paraje enclavado en la llanura Cauto-Guacanayabo, cerca del sistema fluvial del río más grande de Cuba.

Allí, entre palmeras, creó la familia, el conuco y una gran corraleta para la cría de vacas lecheras, convirtiéndose en breve  en uno de los ganaderos más connotados de la región.
Una madrugada, como de costumbre, se levantó muy temprano dispuesto a ejecutar el ordeño diario de su vaca preferida: Tolón, la mejor en rendimiento. Colocó la cubeta debajo de la ubre y  agachándose por el lado derecho de la res apretó las tetillas varias veces,  sin lograr una gota del preciado alimento.
-¡Carijo!, ¿qué está pasando? Ayer, nada de leche y hoy,,,. tampoco- Dijo entristecido. Debe ser que está en amoríos, sí, porque las vacas también se enamoran y desganan como nosotros. Bueno…tiempo al tiempo, mañana será otro día.
Y arreglándose el sombrero de yarey, tomó por asiento una piedra china pelona situada debajo del frondoso tamarindo, para pensar tranquilamente en el misterio de lo sucedido y el inesperado incumplimiento con la entrega del vital producto a la cooperativa.
Esa  noche apenas durmió, daba vueltas y más vueltas en la cama sin conciliar el sueño. Al día siguiente se levantó antes que el sol y preparó el sitio para el ordeño:
Aseguró bien la cabeza de la vaca en el lugar acostumbrado, limpió la ubre con agua y jabón, tomó la banqueta por asiento, colocó la cubeta en su respectivo lugar y esperanzado, apretó cada pezón, pero de leche, ¡nada!.
-No puede ser- decía una y otra vez, el ternero hace unos días lo mandé para la casa de los Pérez. Vamos a ver qué pasa mañana.
Al día siguiente lo preparó todo y de la leche, nada.
-Si tengo la vaca acuartonada y el ternero no está aquí, alguien se está llevando la leche. Me pondré en vela esta noche y juro que al que coja en eso, le doblo el lomo con el plan de mi machete.
Al caer la noche, se apostó en un matorral, cerca de la corraleta donde dormía Tolón, esta vez le acompañaba Tobi, fiero como no había dos perros en la zona y dispuestos a caerle encima al ladrón de leche, permanecieron horas, sin avizorar movimiento alguno.
 -Déjame asomarme a la corraleta a ver qué pasa- Cuidadosamente  se acercó a su vaquita… de repente su rostro se tornó rosado intenso, no creía en la escena  recreada ante sus ojos:
Tolón, estaba embobecida, sus ojos mostraban felicidad plena, mientras Polo, estallaba de angustia:
-¡Caramba!, ¡una jicotea chupándole la teta a mi vaquita! Y dirigiéndose a su temible perro ordenó:
-¡Dale!,Tobi, ¡muerde a esa jicotea ladrona de leche!¡Muérdela!
El fiero animal partió como una flecha en busca de la jicotea que al percatarse del peligro se desprendió de la teta y montada en una yagua se deslizó hasta penetrar en  el río.
Tobi frenó en seco de las cuatro patas, como el mejor de los autos modernos, lanzó tres ladridos al río, agachó la cabeza y miró apenado a su amo, quien acariciando al animalito le dijo:
-No te preocupes, con el susto que pasó esa jicotea, te aseguro no volverá por aquí en buen tiempo.